Normalmente, lo que un jugador siente que tiene que hacer termina siendo una tontería. Las corazonadas son, en general, del tipo de entrar o permanecer en pases con barajas ridículas e incluso mandar y revirar con ellas. No he escuchado a nadie que tuviera la corazonada de ir al mazo con un par de ases. “Haz lo que sientas”, “Piensa menos y siente más”; “Juega con el corazón”, son el tipo de consejos que señalan el atajo más directo a la bancarrota.
La batalla por el poder no cesa jamás Dr Jeckyll y Mr Hyde Con el tiempo se la puede aplacar y domeñar, pero el control de las decisiones debe quedar en manos y ser ejercido por la razón.
Impaciencia
Una de las virtudes clave en el póker es saber esperar. A la gente no le gusta esperar y menos a quien es jugador. Sería hipócrita de mi parte si negara que esperar es aburrido, pero tendrán que elegir: llevar a cabo lo que entienden por diversión o ganar. No se puede estar en la misa y en la procesión al mismo tiempo.
Soberbia
Este estigma es uno de los siete pecados capitales del poker. Entendemos por soberbia la incapacidad de reconocer las propias limitaciones y defectos. Quienes posean este defecto son negadores. Achacan la responsabilidad de sus derrotas a la increíble mala suerte que tienen Por el contrario no les da por interrogarse como hace para ganar tan asiduamente un jugador que entra en muchas manos con lo que el considera “basura”. Sonara pueril, pero recurren al mismo argumento:
- Es un sucker, entra con cualquier cosa.
- ¿Por qué gana? Muy sencillo por su “increíble buena suerte”.
El que esté libre de cualquiera de estos pecados, que tire la primera piedra.




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