
Un jugador pasivo es el que apuesta poco. No importa si se trata de valor o bluf, sus envites no incomodan lo suficiente. O da barajas gratis o sus apuestas permiten que otros queden adentro y con oportunidades de meter proyectos. Si no los meten, perderán poco o nada, pero si esos proyectos cristalizan, entonces no le van a jugar pasivamente. No tendrán esa condescendencia con él.
Nueva perspectiva. La timidez no es buena consejera en el póker. Es necesario arrancarla de raíz. A los que les cueste deshacerse del lastre de ser pasivos que prueben bajando de nivel, jugando mesas de efectivo con ciegos menores y competencias con valores de inscripción más bajos. Cuando la relación con las fichas sea más fluida, podrán volver.
Minimizar la importancia de la posición
Les sorprendería saber la cantidad de players que ignoran la importancia de la posición. No me refiero a saber que estar “a quemarropa” es desventajoso o que ser el dueño del botón es un privilegio. Apunto, verbigracia, a cuestiones tales como la interacción entre posición y barajas, y a conceptos como el del escalón. Estar pendientes de la posición vale siempre, pero sobre todo en torneos.
Nueva perspectiva. Escuchen el consejo que los operadores inmobiliarios nos tienen reservado: “Las condiciones más importantes a la hora de comprar una propiedad son tres: ubicación, ubicación y ubicación”.
Ir contra las chances
Ir a proyectos contra las chances es, simplemente, ser un perdedor en el largo plazo. Que las chances digan que no, significa que la propuesta es desventajosa. No hagan oídos sordos a ella, es una opinión objetiva y sincera.
Cuando un jugador ve, aunque la recomendación sea ir al mazo, está revelando un problema de desconocimiento en la base teórica o fallas en su actitud hacia el juego: falta de autocontrol. No es excluyente elegir, los defectos pueden ser ambos.
Nueva perspectiva. Acostumbrarse a obtener, mecánicamente, las chances del pozo en cada oportunidad que los interroguen para jugar.




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